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lunes, 26 de junio de 2017

El Principe Feliz - Oscar Wilde


En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.

Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.

Por todo lo cual era muy admirada.

-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.

Y realmente no lo era.

-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.

-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.

-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.

-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?

-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.

Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.

Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.

Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás. 

 Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.

-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.

Y el Junco le hizo un profundo saludo.

Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.

Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.

-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.

Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos. Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.

Una vez que se fueron sus amigas, sintiose muy sola y empezó a cansarse de su amante.

-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.

Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias. 

-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo. 

-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco. 

Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.

-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!

Y la Golondrina se fue.

Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.

-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.

Entonces divisó la estatua sobre la columnita.

-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.

Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.

-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.

Y se dispuso a dormir.

Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.

-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.

Entonces cayó una nueva gota.

-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.

Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.

La Golondrina miró hacia arriba y vio… ¡Ah, lo que vio!

Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.

Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintiose llena de piedad.

-¿Quién sois? -dijo.

-Soy el Príncipe Feliz.

-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.

-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí, y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.

«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.

-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover. 

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!

-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras, las golondrinas, volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto. 

Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.

-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.

-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe. Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.

Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.

Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile. Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.

-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!

-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias, ¡pero son tan perezosas las costureras! Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos.

Pasó sobre el ghetto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.

Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.

La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.

-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.

Y cayó en un delicioso sueño. Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.

-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.

 Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía. Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.

-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-.

¡Una golondrina en invierno!

Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local. 

Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!…

-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.

Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre. Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia. Por todas partes adonde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:

-¡Qué extranjera más distinguida!

Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.

-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.

-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?

-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.

-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.

Y se puso a llorar. 

 -¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.

Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.

El joven tenía la cabeza hundida en sus manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.

-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.

Y parecía completamente feliz.

Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto. Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.

-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.

-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.

Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.

-He venido para deciros adiós -le dijo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?

-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.

-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.

-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo. 

 Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.

-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña. Y corrió a su casa muy alegre.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe. 

Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.

-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.

-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.

Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que había visto en países extraños.

Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.

-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.

Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.

Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.

Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.

-¡Qué hambre tenemos! -decían.

-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.

Y se alejaron bajo la lluvia.

Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.

-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.

Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza. Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle. 

-¡Ya tenemos pan! -gritaban.

Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo. Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.

Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.

La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.

Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.

Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.

-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.

-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.

-No es a Egipto adonde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?

Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.

En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.

El hecho es que la coraza de plomo se había partido en dos. Realmente hacía un frío terrible.

A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad. Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.

-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!

-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.

Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.

-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde-. En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.

-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.

-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí. 

Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.

Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.

-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.

Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.

-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.

-O la mía -dijo cada uno de los concejales. Y acabaron disputando.

-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.

Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta. 

-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles. 

Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.


-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.

Fin

jueves, 4 de mayo de 2017

Reseña #6 Pulsaciones - Javier Ruescas & Francesc Miralles

Título Original: Pulsaciones
Autores: Javier Ruescas & Francesc Miraller
Género: Romance


Sinopsis

Elia se acaba de despertar de un coma y está un poco perdida. Lo último que recuerda es un concierto y una frase: "No puedo devolverte la canción, pero puedo mostrarte cómo danzan los peces". Ahora que sus padres le han comprado un Smartphone, Elia por fin tiene acceso al Heartbits (un programa en la línea del WhatsApp) y los lectores somos testigos de todas sus conversaciones. Con la ayuda de su mejor amiga, Sue, Elia intentará recuperar los tres días que ha olvidado y, mientras tanto, conocerá a Tommy, un estadounidense que viene de intercambio a España; a Marion, una chica con media cara quemada que asiste a su terapia de grupo, y a Phoenix, un desconocido al que le encantan los aforismos.

Opinión Personal 

Esta historia está narrada a través de mensajes de texto con los que se comunican los personajes desde una aplicación llamada Heartbits.

El libro nos cuenta la historia de Elia una adolescente que luego de un accidente recién acaba de salir de un coma, está un poco desorientada y solo recuerda vagamente lo que sucedió antes de su accidente.

Con la ayuda de Sue (Su mejor amiga), Tommy (Un chico de intercambio llegado de USA) y Marion (Una chica que conoció en rehabilitación), irá consiguiendo pequeños fragmentos de sus recuerdos que la ayudaran a descubrir lo que en realidad paso antes de sufrir el accidente.

Un día, mientras Elia estaba conectada en su aplicación de Heartbits, recibe un mensaje de un usuario utilizando como nombre Phoenix. Este chico misterioso dice conocerla y sabe muchas cosas sobre ella, pero Elia no recuerda haberlo conocido antes.

Con cada mensaje de texto, la protagonista de esta historia va conociendo mas de este misterioso chico y poco a poco va recuperando sus recuerdos, hasta que al fin se da cuenta de que Phoenix esta muy relacionado con su accidente y es mas importante de lo que ella pensaba.
La historia es bastante ligera, es divertida y un poco cursi en ocasiones. La idea de que este escrita a través de mensajes de texto le da cierto aire de misterio, ya que el lector se entera de la mayoría de los hechos a través de ellos.
A pesar de que la forma de narrar la historia me gustó bastante, no puedo decir mucho de la historia, ya que a mi parecer se pudo haber desarrollado mejor, y siento que su desenlace fue muy precoz, pero es una historia que vale la pena leer si lo que se busca es pasar un buen rato de lectura ya que esta, como ya he dicho, es muy ligera y divertida.





Por último les dejo algunas de mis frases favoritas del libro:

« A veces encontramos nuestro destino en el camino que tomamos para evitarlo»

« ...Todas las voces se vuelven diferentes al escribir, aunque pongamos las mismas palabras que diríamos en alto. Es cierto que con los mensajes podemos meditar una respuesta, corregirnos, dejar frases a medias... Pero, aunque no sea nuestra voz, me gusta pensar que en el fondo si que somos las palabras que escribimos, por mucho que nos editemos a nosotros mismos cuando sea necesario o nos dejamos llevar por la alegría o la rabia del momento...Ademas, siento que de esta forma podemos llegar a decirnos cosas que quizá no nos atreveríamos a revelar si nos miráramos a los ojos»

«¿A caso no valen mas las palabras que decimos o que guardamos cuando estamos tristes que las sonrisas que nos obligamos a esbozar para los demás?
se que suena ridículo, pero te estoy mostrando mi parte mas real.»



4/5


sábado, 22 de abril de 2017

Reseña #5 Un monstruo viene a verme - Patrick Ness

Título: Un monstruo viene a verme
Título Original: A Monster Calls
Autor: Patrick Ness 
Genero: Fantasía 


Sinopsis


Siete minutos después de la medianoche, Conor despierta y se encuentra un monstruo en la ventana. Pero no es el monstruo que él esperaba, el de la pesadilla que tiene casi todas las noches desde que su madre empezó el arduo e incansable tratamiento. No, este monstruo es algo diferente, antiguo... Y quiere lo más peligroso de todo: la verdad.

Maliciosa, divertida y conmovedora, Un monstruo viene a verme nos habla de nuestra dificultad para aceptar la pérdida y de los lazos frágiles pero extraordinariamente poderosos que nos unen a la vida.


Opinión Personal 


Es una novela que en apenas 200 paginas ha logrado cautivarme; una de esas novelas que se queda plantada en el corazon del lector. 

El libro nos cuenta la historia de un chico llamado Conor que con tan solo 13 años tiene que ocuparse de su madre enferma de cáncer solo, ya que su padre vive en Estados Unidos con una familia nueva. Una noche Conor es visitado por un monstruo con forma de tejo a las 12:07 de la media noche exactamente, a lo que éste no sabe si esta durmiendo o si esta viviendo en realidad y el monstruo lo que le dice es que cada noche a esa misma hora va a ir a su encuentro para contarle tres historias y que va a ver una cuarta que se la tiene que contar el, esa cuarta historia que contiene toda la verdad, verdad que Conor no quiere contar, la verdad a cerca de su madre y de su pesadilla.

Efectivamente el monstruo visita a Conor a las 12:07 en 3 ocasiones y le cuenta las historias de las únicas tres veces que él, ha echado andar, pero al final de cada historia éste se queda muy confuso porque las historias no termina como se suponen deberían terminar.




En esta historia, a pesar de dar la sensación de ser un cuento de hadas, Patrick Ness nos habla sobre la verdad y sobre lo difícil que es enfrentarse a la realidad de la vida siendo tan solo un niño. Está contada de una manera sencilla y a la vez preciosa, la sufres y lloras muchísimo.

Es un libro muy ligero de leer contada por un narrador que te arrastra en esta historia y que causa intriga a lo largo de ella ya que no te cuenta lo que te tiene que contar hasta la ultima pagina, haciéndote sentir como si la estuvieras viviendo en realidad.



5/5




jueves, 30 de marzo de 2017

Seamos Seguidores!

Trashing Books ya forma parte de la iniciativa Seamos Seguidores!

La idea de esta entrada es que nos ayudemos entre bloggers.


Es super fácil, solo tienes que "Seguir" mi blog  y comentar esta entrada con el link de tu blog para que yo también pueda seguirte.

Después, solo tienes que llevar esta imagen y esta explicación a una entrada en tu web para que otros blogueros te sigan. Lógicamente, tendrás que seguir a los blogs que te comenten en la entrada.

¡Solo es publicar y devolver!

Pincha en la imagen bajo este texto para encontrar la lista con el resto de blogs que siguen esta iniciativa.



Reseña #4 Donde termina el arco iris - Cecelia Ahern

Título: Donde termina el arco iris
Título Original: Where rainbows end
Autor: Cecelia Ahern
Género: Romance


Sinopsis

Rosie Dunne y Alex Stewart, amigos inseparables desde la infancia, necesitan seguir compartiendo los momentos importantes y los cotidianos. Pero sus vidas han tomado rumbos muy distintos y sólo pueden hacerlo mediante correos electrónicos, chats, cartas o postales. Rosie y Alex se cuentan en profundidad, sus vidas, sus sueños...y la realidad de unos sentimientos que nunca se han atrevido a revelar.

Opinión Personal

Esta historia se desarrolla a través E-Mails, cartas, tarjetas, mensajes de texto, chats y otros medio de comunicación escrita, por lo que al leer la sinopsis  entra la duda de ¿como carajos se puede conectar y conocer a los personajes sin haber siquiera narración alguna?. Solo me costó empezar esta aventura para aferrarme totalmente a ella, y  el hecho de que la única manera de conocer la historia de estos personajes es a través de esas tan intimas conversaciones  hace de esta se convierta en toda una locura. 

Toda esa interacción a través de cartas y mensajes, entre cada uno de los personajes, transmiten fuertes emociones y sentimientos que nos hacen sentir parte importante de esta historia.

Alex y Rosse son dos mejores amigos que viven en Dublin, Irlanda; Alex sueña con convertirse en un gran doctor y Rosse con ser directora de una industria hotelera. 

El hecho de que este par de amigos se conocían desde que eran muy pequeños, les hacia pensar que nunca iban a separarse, pero cuando llega  el momento de tener que ir a la universidad ellos se separan; Alex y Rosse habían planeado irse a estudiar a  Boston, pero en la fiesta su graduación sucede algo que cambia por completo la unión de este par de amigos, incluso ese suceso provoca que la vida de Rosse  probablemente se destruya.

Desde el inicio de la historia sentí unas ganar enormes de golpear a estos dos personajes, porque me fastidiaba enormemente el comportamiento de ambos. Es muy obvio desde el principio que este par de tercos están enamorados, pero ninguno tiene el valor suficiente para confesárselo al otro, así que cometieron un montón de errores a lo largo de casi toda su vida porque no tuvieron el suficiente de decirse lo que sentían el uno por el otro.


Donde termina el arco iris no es una típica historia de amor, es la vida entera de dos amigos que a lo largo de su vida tienen momentos dulces como momentos amargos, y otros encantadores llenos de risas y diversión. Te muestra lo rápido que pasa el tiempo, y la manera que te pueden afectar las decisiones que tomen en tu vida, pero sobretodo te muestra como te afecta no arriesgar y no darse una oportunidad.


5/5